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Jueves, 22 de Febrero de 2024

La crónica del Maratón de Sevilla de un corredor popular como Eduardo Quijano nos lleva a preguntarnos si es necesario llevar el cuerpo a tal nivel de sufrimiento por cumplir un objetivo deportivo como es correr 42,195 kms

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¿Merece la pena correr un maratón a cualquier precio? ¿Se debe llevar el cuerpo al límite sin tener en cuenta las consecuencias? El caso de Eduardo Quijano genera ese debate sobre la necesidad de sufrir en exceso por acabar una carrera.

Acabar un maratón, sea como sea, es meritorio. Hay que tener la constancia y voluntad suficientes para entrenar y luego sumar más de 42 kms. sin embargo, acabar un maratón se puede convertir en una obsesión que pase una factura muy elevada en el cuerpo. Un ejemplo de sufrimiento extremo con tan de cumplir un sueño lo ejemplifica un corredor popular como Eduardo Quijano, que relata un padecimiento muy elevado desde el km 11 y se enorgullece de haber cumplido su objetivo pese al intenso dolor que tuvo que soportar.

 

ASÍ RELATA SU SUFRIMIENTO EDUARDO QUIJANO EN EL MARATÓN DE SEVILLA

 

 

He hecho realidad uno de mis retos personales: poder correr y terminar una maratón. Con 42 años corrí mi primera media maratón, Bahía de Cádiz, y quise prepararme para la maratón. Pronto empezaron a dolerme los talones poco a poco y dejé de entrenar. Me diagnosticaron calcificación en ambos tendones de aquiles con la consiguiente producción de bursitis y dolor insoportable. Dejé de correr, no podía ni cruzar una calle corriendo. Me prometí que si algún día podría correr intentaría hacer la maratón.

 

Después de la pandemia y después de 18 años lo intenté y poco a poco, entre dolores, masajes y antiinflamatorios volví a correr. Es un reto cumplido, quedan más, quizás entre ellos esté otra maratón, no sé.

 

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Después de años de entreno haciendo medias maratones y carreras populares, y en concreto los cuatro últimos meses, en los cuales me he centrado en esta carrera, y pasar el último mes con dolencias en el gemelo izquierdo, gripes y resfriados varios, sin contar los días de lluvia y temporales que no me han permitido seguir el entreno marcado,  pude estar en la línea de salida a las 08:30.

 

Me situé detrás de la liebre que lleva el globo para hacer la carrera en cuatro horas, éste era mi objetivo. En el km 11 y por un traspié provocado por un desnivel en el asfalto, apareció ese dolor del gemelo izquierdo, aunque lo supe gestionar durante toda la carrera. En el km 18 el gemelo derecho y por solidaridad con el izquierdo, dijo que aquí estoy yo, sumándose el cuádriceps izquierdo. También una pequeña molestia en mi querida calcificación del tendón de Aquiles derecho (como se suele decir, estaba hecho un carrito de chucherías).

 

 

Hasta el km 25 pude llevar una media de carrera de 5:35 por km, un ritmo bastante bueno para mi, pero que sabía que con lo que llevaba encima duraría poco. Efectivamente, el tío del globo cada vez estaba más lejos y no porque acelerara, sino porque yo desaceleré.

 

En el km 28 me dio un calambre en un músculo que ni siquiera sabía que existiera, pero lo pude controlar hasta el final. Fui bajando el ritmo hasta 6 y pico el km. Si del km 38 al 40 fue un calvario, del 40 a meta fue un infierno, pero me estaba esperando el cielo en forma de arco de triunfo.

 

Ha sido un día de mezcla de sensaciones; satisfacción personal, sufrimiento, alegría, sacrificio, risas, llantos (no me pude contener en meta), orgullo, etc. etc. Aprendizaje y convencimiento de que todo lo que nos propongamos lo conseguiremos, siempre hay tiempo para todo objetivo o reto que se nos ocurra. Solo tenemos que ser constantes y entusiastas.

 

Gracias a la constancia en los entrenos y sobre todo a Elena por su paciencia, apoyo y que también ha hecho de nutricionista particular, lo he podido lograr.

 

He sacado un tiempo de 04:09:14 y no voy a intentar bajar de cuatro horas, creo. Tengo otros retos que cumplir y los voy a empezar mañana. Bueno, mañana no, cuando se me quiten los dolores.