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El control obesivo del lactato llevó a Jakob Ingebrigtsen a acabar el último 100 de su oro europeo en 5.000 a casi ¡30 km/h!

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Lunes, 10 de Junio de 2024

El fenómeno noruego firmó en el Europeo de Roma una exhibición impresionante de velocidad final que dejó a sus rivales a casi dos segundos en una distancia tan corta

El control obesivo del lactato llevó a Jakob Ingebrigtsen a acabar el último 100 de su oro europeo en 5.000 a casi ¡30 km/h!

El fenómeno nórdico acabó la final de 5.000 metros del Europeo de Roma a una velocidad impresionante.

Jakob Ingebrigtsen cumplió con el pronóstico que le daba como máximo favorito a ganar el oro europeo en 5.000 metros. La ausencia de un rival de la talla de Mohamed Katir, que antes de ser cazado como un tramposo era el único europeo capaz de hacerle sombra, le dejó el camino expedito para el triunfo y lo hizo con una exhibición de potencia desconocida hasta ahora.

El atleta noruego apostó por no romper la carrera y aceptó un desarrollo táctico alejado de su clásica estrategia de ritmo endiablado desde el inicio. Decidió aparecer en la última vuelta con una exhibición plasmada con una vuelta en solo 53 segundos y, sobre todo, un último 100 a un ritmo de velocista.

El genio nórdico apretó tanto en la recta de meta que cubrió los 100 metros finales en 12,6 segundos, a casi ¡30 km/h! Jakob llegaba descansado a esa vuelta final al correr más de 30 segundos más lento que en su mejor marca de 5.000 (12:48) y ahí no tuvo problema para exprimir al máximo el lactato y destrozar a sus rivales.

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Su rival más rápido corrió en 14 segundos el último 100

Sus piernas estaban tan frescas que el mejor de sus rivales en esos últimos metros se quedó a segundo y medio de su velocidad y marcó un tiempo de 14 segundos en esos últimos 100.

El ritmo frenético de Jakob Ingebrigtsen en esos últimos 100 metros fue posible debido al control obsesivo del lactato que tiene el atleta noruego que en sus entrenamientos de series de dos a tres veces por semana llega a pincharse hasta 30 veces con el aparato que mide de manera exacta el nivel de intensidad. De esta manera sabe hasta dónde puede explotar su potencial sin derrumbarse.

En el caso de la recta de meta sabía que sus niveles de lactato podían ser llevados a un límite al que no podrían responder sus rivales. “Acabar en poco más de 12 segundos el último 100 de una prueba de 5.000 metros es una auténtica barbaridad que le costaría conseguir incluso a un atleta de 1.500 en gran forma. Lo de Jakob Ingebrigtsen es de otro planeta”, explica el entrebador Anastasio Jiménez.

Jakob Ingebrigtsen demostró que está plenamente recuperado tras sufrir el pasado invierno un grave problema en el tendón de Aquiles: “Este invierno estuve muy deprimido, sobre todo por la incertidumbre, lo veía todo negro pero mi cuerpo ha reaccionado bien tras una larga etapa de rehabilitación y mucho cuidado del tendón. Tardé mucho en volver a entrenar duro pero ahora vuelvo a estar preparado”.